Espero
Espero.
Mientras tanto,
me pongo ropa linda.
Nunca me olvido de plancharla.
Espero.
Mientras tanto,
sigo arreglando
las paredes que la lluvia deshizo.
Espero.
Mientras tanto,
peso las probabilidades
para cortarme el pelo a tiempo.
Espero.
Mientras tanto,
me pregunto, apenas,
si todo esto tiene sentido.
Espero.
Mientras tanto,
el mundo, indiferente,
sigue sin mí.
Espero.
Mientras tanto,
tomo una decisión:
no voy a esperar más.
Ya no espero.
El jurado llegó a su veredicto.
El agresor está preso.
Estoy incómodamente a salvo.
~
Alguien allá arriba,
aburrido de tanta sutileza,
no tuvo mejor idea que mandar
a ella a la puesta en escena.
¿Espero?
¿O no espero?
Y… espero.
Mientras tanto,
pienso en pequeños reptiles azules.
El optimismo, sin ser invitado,
me drena el alma
a diestra y siniestra.
Espero.
Y espero.
Y, otra vez, desespero.
Llegó el momento.
Levanto la mirada.
El corazón me late
como si no hubiera mañana.
La profesora, anunciando
las notas, declara:
“Hoy no hay despedidas.
Perdón por hacerlos esperar.”